martes, 14 de junio de 2011

Fidias y el Partenón

Pocos templos han servido como santuarios de una diosa griega, como basílica y como mezquita. Ninguno ha despertado la misma fascinación que el Partenón, majestuoso sueño con el que Pericles, con el dinero de los demás miembros de la Liga Ático Délica, quiso que Atenas quedase para siempre marcado a fuego en los anales de la Historia. Fue un acto faraónico salpimentado con los modos de  una curiosa democracia.

El Partenón, que comenzó a construirse en el 447 a.C., tardó quince años en terminarse, uno más para completar su majestuosa decoración. Aunque los arquitectos oficiales fueron Ictino y Calícrates, siempre trabajaron bajo los dictados de Fidias, amigo de Pericles y principal escultor del periodo clásico. Fidias, aparte de esculpir la estatua criselefantina de Atenea Partenos con 1.200 kilos de oro, de encargarse de la decoración de los frontones y las metopas, diseñó este gigantesco templo de casi 70 metros de longitud y 30 de anchura.

Lo curioso del diseño del Partenón es que, aunque parezca lo contrario, no hay ninguna línea recta en su diseño. Cada fuste, cada arquitrabe, el entablamento están ligeramente curvados para dar mayor elegancia y finura al edificio. Todo un alarde de diseño y capacidad arquitectónica. Aunque nada comparado con el poco tiempo que se tomaron en levantarlo, algo al alcance de muy pocos; quizás sólo la construcción del monasterio de El Escorial se pueda considerar su parangón.

En 1897, en Nashville, Tennessee, con motivo de una feria se construyó una réplica en escayola y ladrillo que, veinte años más tarde, fue derruida para construir otra con materiales más duraderos. Trabajaron numerosos expertos y se decoró el edificio con réplicas de las esculturas de Fidias, incluida la gigantesca estatua de 12 metros de altura del interior del templo. Para que nada quedase sin terminar se policromó el Partenón tal y como se piensa que estuvo en los tiempos gloriosos de la antigua Atenas.


¿Qué magia tendrá un edificio que, dos milenios y medio más tarde, llega a seducir a los habitantes de una ciudad estadounidense hasta tal punto que sufragan la construcción de una aunque más barata también carísima réplica?

Aunque suela reducirse su papel al de simple escultor, Fidias fue a la acrópolis lo que Pericles a la política de Atenas. Ideó aquel majestuoso edificio según una visión muy particular nunca repetida después. El orden dórico fue paulatinamente desapareciendo porque evidentemente era imposible mejorar lo conseguido por los atenienses.

Curiosamente, el Partenón no quedó recogido como una de las siete maravillas del mundo de Antípatro de Sidón, por ser bastante más pequeño que el templo de Artemisa en Éfeso y porque Atenas había sido demasiado poderosa. Fidias quedó recogido por su estatua de Zeus de Olimpia pero, como casi toda su obra, esta no ha sobrevivido. Siguiendo con esta extraña maldición, su decoración del Partenón se encuentra en su mayoría en el British Museum, los famosos mármoles Elgin.

A pesar de todo, el Partenón sigue ahí, medio destruido por una explosión cuando a algún iluminado se le ocurrió convertirlo en polvorín. Su nombre siempre es asociado a Ictino y Calícrates, pero se suele olvidar que Fidias dirigió su diseño y construcción. Seguramente su nombre, por la ausencia de obras auténticamente suyas que quedan en Grecia, está más dentro de la leyenda que fuera. Pero sin él no habría un espectacular templo levantándose sobre la más famosa acrópolis del orbe. Su legado es, pues, casi anónimo mas imperecedero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario